El reencuentro con Charles y los demás se convierte rápidamente en una pesadilla. Katerina ve cómo su preciado regalo es pisoteado y, al intentar proteger a un dependiente, recibe un golpe. Sin embargo, esta vez decide no permanecer callada y, por primera vez, expresa con firmeza su voluntad de romper definitivamente con su pasado: “No volveré a la mansión del conde“. Cuando Charles pierde el control y levanta la mano contra ella, Clarence se interpone para protegerla. Aunque Charles intenta humillarlo e insultarlo, la verdadera identidad de Clarence sale finalmente a la luz: es el primer príncipe del reino.
